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¿Cómo educar en la higiene infantil en diez pasos?

 

Publicado por Patricia Ramírez y Yolanda Cuevas el 3 de noviembre del 2015.

Entre los hábitos que los niños deben aprender, los relacionados con la higiene tienen un peso muy importante porque de ellos depende no solo su salud sino también su aceptación social y su bienestar emocional. En este artículo, incluido en el monográfico ‘Hábitos y salud infantil‘, las psicólogas Patricia Ramírez y Yolanda Cuevas, nos ayudan a incorporarlos en el día a día de los niños.

Las típicas preguntas que hacen los padres y madres cuando los niños vuelven de cole es: “¿qué has comido hoy?” y “¿te lo has comido todo?”. Para los padres la alimentación es una prioridad. Sin embargo, en la lista de hábitos saludables nos encontramos con un sinfín de acciones: lavarse los dientes tres veces a diario, lavarse las manos antes de comer, peinarse, llevar ropa limpia, ducharse todos los días, lavarse la cabeza, abrigarse cuando hace frío, tener una dieta equilibrada en la que abunden las frutas, verduras y hortalizas frescas, beber agua, tomar la medicación que corresponda, ponerse las gafas o leer. Y también, dejar de hacer otras que perjudican: comer chuches, bebidas cargadas de azúcar, bollería industrial, comida basura, ver muchas horas la televisión, jugar con consolas, teléfonos y ordenadores entre semana, rascarse heridas, etc. Como vemos, algunos de estos hábitos están relacionados con la higiene infantil.

Igual que el deporte educa en valores, la higiene también lo hace: implica tener un orden, hacerse mayor, ser constante, cuidar el aspecto exterior e interior, e, incluso, el respeto, porque es importante que los niños sepan que el mal aliento, el aspecto sucio y la dejadez es una forma de no considerar a la otra persona. Y, además, los olores desagradables fruto de la falta de higiene pueden ser una barrera social importante. Nadie quiere tener de amigo al niño que huele mal.

Por otro lado, es importante que los niños aprendan estas lecciones porque después les serán necesarias para el trabajo y en la edad adulta. Y hay que tener en cuenta que, cuando son pequeñitos, los padres podemos supervisarlos, pero no siempre estaremos ahí para poder controlarlo todo. Por ello se hace imprescindible educar en la responsabilidad y la autonomía.

¿Cómo educamos a nuestros hijos en hábitos de higiene?

1. Explícales la importancia de la higiene y la promoción de la salud. La explicación tiene que estar adaptada a la edad. Quizá enseñar una imagen de un pulmón negro de nicotina a un niño de cinco años es demasiado impactante. Darles una explicación es solo por un tema informativo, por despertar su curiosidad, y porque el aprendizaje es mayor cuando tiene un significado para ellos. No permitas, pues, que utilicen las explicaciones para remolonear.

2. Ten paciencia. Muchos padres se quejan de que sus hijos no obedecen estas cosas tan básicas y tan repetidas a la primera. Pero lo cierto es que nosotros, padres y madres, tampoco hacemos lo que tenemos que hacer a la primera. Está claro que la pereza a veces nos puede y postergamos lo que tenemos que hacer. De hecho, postergar es uno de los grandes rivales de la fuerza de voluntad y de la responsabilidad.

3. Enséñales desde pequeñitos. La plasticidad del cerebro de un niño es inmensa. Así que para ellos es muy fácil aprender. Cuanto antes eduques en ello, antes tendrán el hábito. Y trata de que la educación esté basada en el juego en lugar de en el “porque yo lo digo y punto”. Por ejemplo, puedes hacerles un mural con todos los hábitos que hay que ir adquiriendo y que lo dibujen ellos. También puedes hacerles una plantilla con caras felices, soles o cualquier otro dibujo para que marquen cada uno de los hábitos que consiguen solos. Dale rienda suelta a tu creatividad y trata de pasarlo bien mientras educas.

4. Sé un modelo de conducta. Los niños son “monillos”, no de adjetivo, sino de substantivo. Tienden a imitar y copiar todo lo que ven. Si te ven delante del espejo lavándote los dientes, te pedirán un cepillo; si te ven maquillarte, se pintarán también toda la cara. Así pues, educa con el ejemplo. Como decía Einstein, “dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”.

5. Incluye los hábitos saludables dentro de su rutina. Cuando algo forma parte de nuestro orden diario, es más fácil acordarnos de ello.

6. Actúa de facilitador. Un post-it en el espejo con una frase divertida, acompañada de un corazón, hará que recuerden lo que les pides. Si los niños y adolescentes interpretan que te estás esforzando para ayudarles en lugar de solo imponer, el compromiso con lo que les pides será mayor por parte de ellos.

7. Más zanahoria y menos palo. Resalta más cuando hagan lo que necesitas de ellos en lugar de regañar tanto cuando no lo hacen. Todo lo que se refuerza, tiende a repetirse. Por ello, no refuerces haciéndoles ver que tú tienes razón, por ejemplo con un “ves, qué bien cuando me lavo”, sino haciendo que se sientan bien ellos por su esfuerzo con un “me encanta que te metas en la ducha sin tener que avisarte. Te estás haciendo un hombretón”. Y no esperes a reforzar la perfección: todo aquello que se acerca al propósito, vale.

8. Olvida las etiquetas, agresiones y juicios de valor cuando no cumplen con lo que deben. Comentarios del tipo “¡cómo puedes ser tan guarro!” son humillantes para cualquier persona. Buscamos que cambien algo para generar un hábito, no que se sientan mal por no hacerlo o cuando se olvidan.

9. No negocies con lo innegociable. Puedes negociar y dejar que elijan entre dos pantalones, pero si dejas que se salten la ducha, lavarse los dientes o comer fruta, ellos entenderán que pueden negociar, chantajear y presionar para conseguir salirse con la suya. Cuanto antes aprendan la palabra “innegociable”, más fácil será para ti. No sientes precedentes o estaréis perdidos. Está claro que hay criterios, como tener fiebre, tener gastroenteritis u otros justificables, que en alguna ocasión alterarán la rutina. Pero tienen que estar definidos para que los niños los conozcan y no traten de jugar con vosotros. ¡Les encanta jugar!

10. No bajes los brazos. Si un día estáis cansados y le decís al niño, “hala, métete en la cama, ya mañana te ducho que hoy estamos cansados”, estaremos transmitiendo que no es tan importante, que sí es negociable y que no hay coherencia. El “bueno, por un día no pasa nada” no es interpretado por adultos y niños de igual manera.

“El propósito de la educación es lograr que los niños quieran hacer lo que deben hacer”, decía Howard Gardner. Por ello, si educamos en la diversión y el juego, seguro que nuestros hijos aprenden antes y con más ganas hábitos imprescindibles para sus vidas.

* Patricia Ramírez Loeffler es Psicóloga del deporte y de la salud, fue Psicóloga deportiva del Real Betis Balompié y del RCD Mallorca y en la actualidad colabora en medios de comunicación como El País Semanal, Cope y Para Todos la 2 de TVE.

* Yolanda Cuevas Ayneto es Psicóloga de la salud y el deporte y Master en psicología clínica y salud. Tiene formación en coaching deportivo y es psicóloga de la Real Sociedad Deportiva Santa Isabel de Zaragoza.

 

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